Una vez mas me ha impresionado el atropello a la hinchada visitante por parte de la policía, guiados por los encargados de la logística, en el estadio Atanasio Girardot de la ciudad de Medellín, durante el partido entre el Deportivo Independiente Medellín y Millonarios,
Últimamente Medellín ha sobresalido por el proceso de transformación que ha venido atraveando en parte por la buena gestión de su actual alcalde Sergio Fajardo, quien hace un par de semanas estuvo dictando una conferencia en una prestigiosa universidad de Bogotá. El título de la conferencia era "la educación en la transformación de Medellín".
Parte integral de la educación es el respeto y por lo siguiente aplica el popular refrán "el cura predica pero no aplica". Una ciudad que predica respeto y educación como es posible que trate tan hostilmente a sus visitantes aficionados al fútbol, cuando el único pecado que tienen estos hinchas es ser seguidores de un equipo diferente a los antioqueños.
Como es posible que el hincha de millonarios, si hablamos del partido mas reciente, viaje desde Bogotá en bus, un viaje de 8 horas solo guiados por la pasión del hincha. Llegan al estadio y en el mejor de los casos los dejan entrar apenas se inicia el partido, cuando ya se han perdido los actos preliminares y la salida de los equipos.
A los cinco minutos del segundo tiempo, cuando millonarios se ponía en ventaja, a los hinchas visitantes ya empezaba la policía a sacarlos del estadio. Solo habían visto quizás 45 minutos del partido cuando los empiezan a sacar, es decir que no pudieron ver el gol definitivo del triunfo azul y en si el segundo tiempo.
Eso no es justo, es una bofetada al visitante, al hincha en paz que va a ver su partido y que pasa 16 horas del día viajando para ver un partido y en el mejor de los casos lo dejan ver solo la mitad.
Tienen que aprender de Bogotá, donde en muchas ocasiones la mitad del estadio es del equipo visitante, es decir unas 20.000 personas, y a todos los asistentes se les garantiza la permanencia en un espectáculo al que están pagando por ingresar y del que no los pueden sacar a menos que se porten mal.
Una vez se acaba el partido en Bogotá la hinchada local debe esperar un cuarto de hora mientras los visitantes salen tranquilamente sin que la policía los saque. Así funciona en las grandes ciudades del mundo.
Si esto funciona para 20.000 personas, por que no puede funcionar con los 3.000 hinchas capitalinos que fueron a Medellín.
Acá los tratamos con respeto y los problemas entre barras con cada vez menos frecuentes. Esto me hace pensar y ratificar que Bogotá es la ciudad de todos y Medellín es la ciudad de ellos, de los paisas.

Magnífico resultado el obtenido el domingo pasado por Millos ante Santa Fé, el otro equipo de la capital y por ende su eterno rival. Cuatro goles por dos. Dos goles del paraguayo Carlos Villagra, uno de Ervin González y otro de Omar Rodríguez. Un juego vibrante, de ida y vuelta, pues es uno de los partidos que nadie quiere perder,una de las hinchadas siempre quiere ver perdedora a la otra, en juego está el orgullo bogotano.